• CON LA BASURA POR BANDERA

    Las sociedades occidentales tienen en la gestión de los residuos que generan, un importante caballo de batalla. En el caso de Europa, este es uno de los problemas a gestionar por los diferentes estamentos afectados. En Gipuzkoa, la gestión de los residuos es “EL” problema.

    Que nadie piense que considero esta cuestión baladí, pero una cosa es gestionar una materia importante y sensible; otra, convertirla en un problema; y otra muy distinta elevarla a “el único problema”. Con sus repetidas acciones y afirmaciones, la actual Diputación, con su Diputado General a la cabeza, ha conseguido las dos últimas.

    Más allá de entrar en el debate de la gestión de los residuos urbanos, materia en la que a este paso los guipuzcoanos llegaremos a alcanzar el mayor grado de conocimiento per cápita del mundo, hay aspectos que dan que pensar… y mucho.

    El primero tiene que ver con la forma en la que los actuales regidores de la Diputación están manejando esta cuestión. Para hacerse una idea del despropósito en el que se están adentrando, baste con constatar que, deliberadamente o no, han conseguido que, estando inmersos en una de las mayores crisis económicas de las últimas décadas, esta realidad quede relegada a un segundo plano. Eso sí, las consecuencias de todo ello las pagaremos a escote.

    Pero esto, que en sí mismo sería motivo de alarma, no es lo más grave. Peor aún es la sensación de que en esta materia estamos oyendo una canción cuya melodía nos suena a mil veces escuchada.

    Porque el trasfondo de todo esto no es otro que la necesidad histórica, que algunos han tenido, de convertir cualquier tema susceptible de debate en una bandera.

    De esa forma se aseguraban poder contar con un mástil en el que asir a los suyos y con el que, de paso, arremeter contra todos los demás.

    Porque, más allá de otros aspectos, que repito son muy importantes, uno tiene la sensación de que, en la basura, han encontrado su nueva Bandera, su nueva Verdad Absoluta, su nuevo Fin que justifica todos los medios. Una nueva Causa para significarse del resto y, de paso, distraer la atención de temas de más calado para su propia parroquia.

    Fuera de los muros del fortín que protege su nueva enseña nos sitúan al resto; a los que, según su opinión, disfrutamos revolcándonos en los detritus al igual que antes gozábamos retozando en el cemento.

    Ya conocemos el estribillo que viene detrás: ante cualquier dato científico, jurídico, económico, medioambiental o de cualquier otro tipo que pueda surgir; ante eso, prietas las filas, impasible el ademán y a rebatirlas todas. Desde el primero al último; desde quien siempre se preocupó por estas cosas, como por el que hasta ayer ni distinguía el color de los contenedores.

    Le van a cambiar el título, pero la versión más cercana que me viene a la cabeza de esta nueva canción es la de “Pongamos que hablo de la autovía de Leitzaran”.

    Esto es lo que sucede cuando no se reciclan las mentalidades: que en el “compost” resultante sólo encuentras viejas fórmulas de hacer política para tiempos que pretenden ser nuevos.

    Y contra eso, desgraciadamente, no hay puerta a puerta que valga.

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