• EL DICCIONARIO SEGÚN BILDU

    Si alguien ha entendido la falta de inocencia en el uso del lenguaje, esa ha sido la denominada Izquierda Abertzale.

    Pocos como ellos han asimilado que, en muchas ocasiones, la forma en la que nos referimos a las cosas puede ser más importante que su propio contenido.

    Además, a esta premisa suman la certeza de que ganarán el primer “round” del combate de las ideas si consiguen que, por repetición o simple aburrimiento, todo el mundo acabe utilizando “su” terminología.

    Esta lección, bien aprendida tras más de tres decenios buscando sinónimos que evitaran llamar a las cosas por su nombre, la siguen aplicando con inusual destreza tanto a sí mismos como a sus adversarios políticos.

    Al hacerlo así, consiguen dos objetivos; uno, hacer parecer sus proyectos e ideas más atractivos de lo que en verdad son y, dos, instalar percepciones negativas con respecto a las del resto.

    Valgan como ejemplo más cercanos los términos utilizados en el tema de la gestión de los residuos y los proyectos que de ella se derivan.

    Así, en su boca, el término “vertedero” se convierte en “depósito controlado de balas de residuos estabilizados para la restauración y recuperación de espacios degradados”. Reconozcámoslo: el nombre es largo, pero ayuda a diluir la realidad que se esconde detrás de la palabra “vertedero”.

    Otra forma recurrente de desprestigio de los proyectos de los demás es anteponerle la palabra “macro”. Esto se hace evidente en ese otro caso; el que ellos denominan la “macro-cárcel” de Zubieta. Dicho así, lo primero que viene a la mente de quien lo escucha es, precisamente, lo contrario de lo que el proyecto pretende: evitar la masificación de la actual cárcel de Martutene, sustituyéndola por una instalación más acorde con los principios que rigen la sociedad actual.

    Últimamente, los reyes del eufemismo se están empleando a fondo. No es casualidad. Tienen sus propios “macro-objetivos” en mente y, para alcanzarlos, necesitan adobarlos con terminología que los haga más digeribles, no vaya a ser que, llamando a cada ingrediente por su nombre, algún comensal opte por comer en otro restaurante.

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