• EL MISTERIO DE LA PANCARTA FANTASMA

    A quien no esté al corriente de este asunto le podrá sorprender lo ocurrido los últimos días en Donostia/San Sebastián.

    Ya hace tiempo que, con motivo de la capitalidad europea de nuestra ciudad en 2016, se instaló en la ladera del monte Igeldo, en una parcela que queda fuera de las lindes del nuevo municipio, un eslogan visible desde toda la bahía que hace referencia a  tal evento.

    Coincidiendo con la reunión que iba a abordar el acceso de la “Y vasca” a la ciudad, el colectivo “Mugitu!”, colocó en el mismo espacio, cubriendo las siglas de la capitalidad cultural, un cartel contra el Tren de Alta Velocidad. Situación que se ha mantenido durante  más de dos semanas.

    Hasta aquí el caso no entra en el ámbito de lo “paranormal” habida cuenta de que, a pesar de existir una normativa municipal que exige la retirada de cualquier tipo de pancarta o pintada, independientemente de si su contenido es político o no; en la práctica, las pancartas que incluyen determinadas reivindicaciones cercanas a los postulados de Bildu, permanecen en el lugar en el que fueron colocadas por sus autores hasta que éstas han cumplido su objetivo propagandístico.

    El punto de inflexión del relato se produce cuando una mañana, los donostiarras se despiertan y contemplan que, como por arte de magia, en la ladera vuelve a lucir el eslogan de la capitalidad cultural, sin que nadie, incluido el Alcalde, sepa quién ha retirado el cartel contra el TAV.

    Abierta la veda de suposiciones y descartada la actuación de la Santa Compaña, la más aceptada, tal y como recogen los medios de comunicación, parece ser la que atribuye su retirada a un grupo de ciudadanos.
    Si no fuera por la gravedad de los hechos que se esconden detrás de este enredo, el asunto podría darse por terminado.

    Lo que esta situación viene a reflejar es, primero, la creciente necesidad del Gobierno de Bildu de contentar al núcleo de su electorado a medida que la actual legislatura se acerca a su final. Una necesidad que se hace visible, entre otras, en la citada permisividad respecto a carteles, pintadas y demás.

    El segundo aspeco a tener en cuenta es la incómoda situación que le genera al Gobierno Municipal de Bildu el hacer compatible su deber de apoyo a la capitalidad cultural en todas su facetas, incluida la del respeto y protección de sus símbolos, con la actitud de complacencia respecto de actos que reividincan asuntos recogidos en su propio programa electoral.

    Y, por último, la peligrosa espiral en la que esta actitud de calculada permisividad por parte del Gobierno Municipal puede hacernos entrar si, como parece haber ocurrido, son determinados sectores de la ciudadanía los que empiezan a llevar a cabo por su cuenta acciones que, como la retirada de carteles, por norma corresponden al Gobierno Municipal ejecutar.

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