• EL PEAJE QUE BILDU NO QUIERE PAGAR

    Hace ahora unos treinta y cinco años, la izquierda abertzale optó por el “todo o nada” a sabiendas de que aquella decisión les situaba fuera y frente al camino institucional que emprendía el resto de las opciones políticas.

    Su decisión se vio agravada por el hecho de que, dentro de su concepto de la política siempre ha venido incluido lo “militar”; dicho de otra forma, que su pensamiento político ha incluido la legitimación del uso de la violencia para la consecución de sus objetivos.

    Ahora, aprovechando la rotonda del Palacio de Aiete, han decidido incorporarse a la vía por la que viene circulando, no sin lógicas diferencias, el resto de la sociedad.

    El problema estriba en que pretenden hacerlo sin pagar peaje de ningún tipo. Como si el mero hecho de marcar con el intermitente y acoplarse a la dirección fuera un hecho plausible por sí mismo que borra todo lo anterior.

    No se trata de aplicar un precio que impida su incorporación a la vía institucional, pero sí cabe recordar que todo conlleva un coste y el suyo pasa por asumir que, además del sufrimiento causado, muchos de los obstáculos con los que nos encontramos ahora ( reconocimiento de las víctimas, situación de los presos, etc.) son consecuencia directa de las decisiones que han tomado durante todo este tiempo.

    Tampoco es de recibo que, allí donde gobiernan, se sigan apreciando viejos “tics”, como el considerarse en posesión de la verdad absoluta, no aceptar las funciones que debe desarrollar la oposición, desprecio por las instituciones en favor de un modelo asambleario, caduco y sectario… Por no hablar de la vuelta al pasquín anónimo o de autoría difusa para descalificar al contrario.

    No se debe olvidar que actitudes como esta fueron las que sirvieron de gasolina para mantener en marcha el motor de la violencia.

    Me congratulo de la decisión de cambiar de vía y de vehículo, pero para que el cambio sea completo y creíble, no sólo hay que contribuir al buen mantenimiento de la carretera, sino que, además, también hay que cambiar de combustible.

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