• El relato del Alcalde de Donostia/San Sebastián

    Quiso la casualidad que la Semana Santa se abriera con unas declaraciones del Lehendakari y del Secretario de Paz y Convivencia y que se cerrara con la publicación de una entrevista al Alcalde de Donostia/San Sebastián, Juan Karlos Izagirre, en la que reflexionaba sobre su experiencia como máximo representante de la ciudad.

    Dichas reflexiones iban desde la falta de honestidad en la política que “se ve en este ayuntamiento”, hasta aspectos como el relato de nuestro pasado cercano o el reconocimiento de la víctimas.

     A la pregunta de si Bildu ha hecho lo suficiente para reconocer a las víctimas afirmaba “Seguro que no. Todos tenemos que reflexionar sobre qué más podemos hacer…El primer ejercicio es aceptar que la violencia genera mucho dolor…hay que compartir el sufrimiento de todos. No vale, yo sí he sufrido y los otros no”.

    A la pregunta de si ese discurso no puede constituir una forma de pervertir lo que ha pasado, el Alcalde respondía que “…no hay que construir un sólo relato. En San Sebastián podemos tener 186.000 relatos y todos son respetables”.

     Quizás estas declaraciones sirvan para entender las razones del porqué el gobierno municipal de Bildu ha sido tan parco en acciones que reconocieran el sufrimiento de las víctimas. La primera, porque todavía están reflexionando qué más hacer y, la segunda, porque, atascados en el primer ejercicio,el de la aceptación de que la violencia genera mucho dolor, no han conseguido pasar al segundo.

    Quien quiera ver la botella medio llena puede poner el acento en la aceptación implícita de la necesidad de empatizar con el sufrimiento de los demás. Idea que no se expresa pero sí se adivina en lo de “no vale, yo sí he sufrido y los otros no”. Aspecto más reseñable aún, proviniendo de alguien que, al fin y al cabo, no deja de ser representante de una corriente política que hizo del dolor y de su socialización una estrategia.

     Más difícil parece hacer una lectura positiva de la afirmación, aparentemente inocente, casi poética, de que hay tantos relatos como ciudadanos. Cree el Alcalde que es mejor legar en Donostia un mosaico de 183.000 relatos.

    Relatos que, es de suponer, irán desde el de quienes desean uno con final al estilo “cautivo y desarmado el Ejército Rojo” a otro del gusto de quienes, tras años abonados al “Jo ta ke irabazi arte”, verbo que en sí mismo conlleva la existencia de vencedores y vencidos, ahora parecen no querer acabar apareciendo como el Vercingetorix de esta historia.

     Richard Rorty decía que “la lucha por el relato del pasado es la lucha por el liderazgo político”, y hay mucho de verdad en ello, pero no es de ese tipo de relato del que estamos hablando aquí.

     La Secretaría de Paz y Convivencia ha solicitado la “lectura autocrítica y responsable del pasado, con una mirada preferencial a las víctimas”. Ésa es una buena base para ir articulando un relato común.

    Al afirmar que “no hay que construir un sólo relato” el Alcalde da a entender que, ante la imposibilidad de imponer el suyo, es preferible la proliferación de muchos, que es una forma como otra cualquiera de que, al final, no exista ninguno.

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