• MÁS QUE COCHES

    Nunca sabremos cómo sería hoy el mundo si Henry Ford hubiera hecho caso a su abogado. Este letrado le aconsejó no invertir en la producción de automóviles, puesto que, como medio de locomoción, ya existía el caballo.

    De lo que no hay duda es que este sector, entonces una auténtica incógnita, ha marcado, para bien y para mal, parte del devenir del mundo occidental. Pero no son los coches como tales los que me atraen, sino el nivel de creatividad de sus anuncios televisivos.

    He de reconocer que soy de los que nunca se levantan del sillón cuando emiten un “spot” publicitario que tenga a uno de ellos como objeto de venta. Es posible que nueve de cada diez médicos desaconsejen este hábito, pero nueve de cada diez “politólogos” deberían aconsejarlo vivamente.

    Sin ningún tipo de estudio científico que lo avale, de la mera observación, se perciben desde hace unos años, tres elementos que se repiten en los escasos treinta segundos con que cuentan para ilusionarnos y convencernos.

    Uno de ellos consiste en la tendencia, relativamente reciente, de sustituir los fríos datos por la incorporación de las sensaciones y los sentimientos. De cuántos centímetros cúbicos, caballos de potencia o cuánto se tarda en acelerar de cero a cien kilómetros, hemos pasado al “placer de conducir” o a las citas taoístas. Sabemos que el automóvil es el producto de la racionalidad y la ingeniería, pero le pedimos que logre conmovernos.

    Otro de los aspectos que no deja de asombrar es su excepcional capacidad de captar los cambios producidos en la sociedad y su habilidad para adaptar la oferta a las nuevas necesidades que esa realidad ha creado. Sirvan como ejemplos el papel de la mujer, no sólo como conductora, sino como consumidora de vehículos concretos o los datos del consumo de CO2, impensables hace unas décadas.

    Y junto a ellos, el elemento fundamental: su Marca.

    La marca actúa como símbolo de confianza y garantía ante el espectador. Tras ella hay una visión clara de lo que se es y unos valores que la hacen identificable. Es la representación del saber hacer de quienes están detrás de todo un proceso que va desde el diseño, a la producción, venta y asistencia posterior.

    Constituye, además, símbolo de la proyección de ese conocimiento a lo largo del tiempo. Desde el pasado hacia el futuro.

    Desconozco qué caracterizaba la venta de caballos como medio de locomoción, pero seguro que no daba tanto juego para construir metáforas.

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  • Egilea:una on 2012/03/24, 14:14

    Pues sí! Esa venía siendo la tendencia pero últimamente casi todos aportan un dato objetivo de lo más terrenal, el cual antes de la crisis todos intentaban evitar aportar EL PRECIO (incluso Volvo).

    Se refieren al precio de la sensación, sentimiento… el de la máquina? ¿O deberían ilustrar sobre el precio de elegir a la competencia?

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