• ¿QUÉ PESA MÁS, UN KILO DE PAJA O UN KILO DE ACERO?

    La pregunta que da título a este escrito era recurrente en los libros de texto de la antigua EGB. De ahí, de la mano de los alumnos de los cursos superiores dio el salto a los patios de recreo de los colegios. En ese contexto, y con una sonrisa en los labios, lanzaban la pregunta de marras a otros compañeros de cursos inferiores, a poder ser con el mayor número de compañeros posible alrededor.

    Como la pregunta tiene cierta trampa y exige un mínimo conocimiento de Física, el cuestionado, entre los nervios de verse rodeado y sin margen para dudar mucho ya que ni era el lugar ni el momento, se agarraba a lo de la paja y el acero, y contestaba ufano, para regocijo de sus interrogadores, que el kilo de acero pesaba más que el de la paja.

     Esta vuelta a la infancia viene a cuento, por cómo se plantean determinados debates y puede concretarse en dos temas recientes. Por un lado, la reforma fiscal que planea sobre Gipuzkoa, auspiciada por Bildu y a la que, parece, puede sumarse el PSE-EE y, por otro, la aprobación de un incremento del 5% (dos puntos porcentuales sobre el IPC) en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (I.B.I.) que, de hecho, ambas formaciones aprobaron juntas en el Pleno del Ayuntamiento donostiarra. (Bien es cierto que con una enmienda de los socialistas que busca no aplicar esa medida a determinados colectivos)

     La forma para hacer colar la mayor se basa, entre otros medios, en formular, con cara seria y comprometida, la pregunta “¿qué es más gravoso: un aumento del 5% del impuesto con carácter social o un aumento del 5% del impuesto?”. Con el término “social” de por medio, parece que es menos gravoso y más políticamente correcto responder que lo segundo. Pero la realidad es que un aumento de cinco puntos es igual de gravoso para los que lo pagan, independientemente de que sea “social” o no. Sé que el pretendido fin “social” de las medidas que se toman no es baladí, pero tampoco lo es si al que le hacen la pregunta del kilo de paja o del acero es granjero o herrero. Ambas pesarán lo mismo, pero la valoración que del contenido hagan uno u otro será distinto, pero ésa no es la cuestión. Además, el propio término “social”, entendido como quieren hacérnoslo colar, y que acompañará de ahora en adelante cualquier medida económica que ambos propongan, es decir, favorecedor de los que menos tienen y más gravoso para los que más poseen; es más que discutible en estos temas.

    Ello es debido a que, en la práctica, sobre quien recae el peso de estas medidas que se anuncian, es ese gran tramo social formado por la clase media guipuzcoana y donostiarra; o es que, por ejemplo, ¿alguien piensa que las grandes fortunas utilizan como instrumento para desgravar las EPSV o que por el mero hecho de que el valor catastral de una vivienda en Egia no sea el mismo que el de otra en Miraconcha esto ya sirve en sí mismo para paliar una subida del 5%, que es igual para todos (sin olvidar que el incremento de gastos siempre es más acusado por quienes tiene menos ingresos)?

     El debate está abierto y oiremos muchas justificaciones a estas y otras medidas que, con objeto de aumentar los ingresos de las arcas públicas, se vayan a tomar en el futuro en nuestro territorio. Que nadie entienda estas líneas como una cerrazón numantina. Lo que se pretende es alertar sobre cómo se plantean los debates, no vaya a ser que, acuciados por la pregunta y la situación, respondamos muy deprisa y, una vez no haya marcha atrás, se nos quede la cara (y la economía común) igual que aquella vez que en el patio nos preguntaron qué pesaba más, si un kilo de paja o un kilo de acero.

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  • Egilea:Montse on 2011/11/19, 14:44

    Lo que si está claro, es que si el estado no engrosa las arcas públicas, la sanidad y la educación pública y, en definitiva, la sociedad del bienestar se van al garete. No sé cual es la mejor manera de que el estado obtenga más dinero, pero sí me parece correcto que debe buscarla, para poder ofrecer unos servicios públicos de calidad y evitar así que el dinero acabe en manos de banqueros, especuladores y demás fauna del estilo.

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