• BILLY EL NIÑO NO ES UN NOMBRE DE TANGO

    La noticia de que una jueza argentina ha instado el “arresto internacional indagatorio” de cuatro miembros de las Fuerzas de Seguridad españolas en activo durante el franquismo y, en algún caso hasta bien entrada la Transición, ha sido recogida con desigual eco en los medios de comunicación hispanos; actitud que corre pareja a la mantenida en este tema por el conjunto de la sociedad española durante todos estos años.

    La ley de amnistía de 1977 actuó en la práctica, al incluir en su artículo 2.f. como amnistiados “los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas” desde 1936 hasta 1976, como una auténtica ley de punto final para todas las vulneraciones cometidas en el citado periodo.

    Como bien recoge Antoni Batista en su libro “La Carta”, aquellos servidores del Estado cercanos a la jubilación fueron discretamente apartados del servicio. Suerte muy distinta a la vivida por sus jóvenes subalternos, quienes, recién amnistiados, encontraron acomodo, “certificado” de demócrata y, en bastantes casos, gloria y ascensos, en la lucha antiterrorista.

    En activo durante, al menos, la siguiente década, su continuidad quizás permita entender el análisis que sobre la evolución de la lucha antiterrorista realizó R. L. Aizpeolea, en el contexto de un reportaje publicado en El País con motivo de los 25 años del atentado de Hipercor.

    En él, sitúa la década de los noventa como el momento en que las detenciones dejan de tener como objetivo la obtención de información y en la que sólo uno de cada cinco detenidos a los que se aplicaba la Ley antiterrorista acababan encausados. A buen entendedor, pocas palabras…

    Los posteriores indultos otorgados por Gobiernos de distinto color para casos de delitos de violación de Derechos Humanos, asesinato y desaparición incluidos, cierran este endemoniado círculo.

    Aunque con una limitada consecuencia jurídica, la instancia judicial citada debería hacer reflexionar a más de uno sobre su postura ante estos hechos; especialmente aquellos que tan alegremente han acusado a tantos de “equidistancia” o de formar parte de una sociedad enferma.
    Tampoco estaría de más una reflexión más serena de la Transición y sus renuncias, para en el futuro, evitar dar lecciones de democracia a los demás, no vaya a ser que aparezca una jueza argentina a recordarles que “Billy el Niño no es un nombre de tango”.

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