• EL CUPONAZO

    No hacía falta ser un visionario para prever la polémica que se avecinaba con el Concierto Económico vasco.

    Las razones para esta afirmación se basan en que el procedimiento para centrar el debate político y conseguir convertirlo en razón de Estado siempre es el mismo; sólo se necesita que se dé el contexto adecuado y elegir bien la materia a “debatir”.

    Toda vez que la crisis económica se tornó hace tiempo en institucional, qué mejor momento para “repensar” el Estado por enésima vez, no tanto para mejorar lo que no ha funcionado, sino para poder “recortar” lo que, en el fondo nunca les gustó.

    Tampoco es casual que el debate se produzca en el momento en el que, agotado el plazo de cinco años de vigencia y siendo otros los que ocupan el Gobierno Vasco, haya que renegociar el Cupo para el próximo quinquenio.

    En cuanto al procedimiento; primero abre fuego la derecha menos acomplejada, a sabiendas que nunca faltará quien, desde la “izquierda progresista”, se sume a sus peticiones.

    Con el gallinero montado y el listón de exigencias bien alto; entra en juego el stablihsment político del bipartidismo español, quienes bajan el listón de las exigencias iniciales pero las sitúan por encima del punto inicial.

    En resumen, mantener el marco, pero reduciendo todo lo que se pueda el contenido; o lo que es lo mismo, Concierto sí, pero renegociando el Cupo.

     Este debate tiene múltiples beneficios para quien lo plantea.

    Por un lado redunda en que, lo que no fue sino consecuencia de la pérdida de los Derechos Políticos y Económicos recogidos en los Fueros Vascos, acabe siendo asimilado a un “privilegio medieval”; por otro, consigue si no sacar, al menos sí presionar (obviando su carácter bilateral establecido por ley) la negociación del Cupo; y, tercero, nos obliga a emplear nuestras energías en defender lo que creímos asentado en vez de emplearlas en avanzar, como mínimo, hacia cotas de mayor autogobierno.

    Que nadie subestime a los que llevan meses moviendo el bombo, porque tienen muy claro cual quieren que sea el número de la bola premiada.

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